El Trio
Enviado por WALTER H. el día Lunes 5 de Marzo de 2007
 
El viernes pasado la noche se presentó muy calurosa, así que me bañé, me cambié y a eso de las once más o menos, me dirigí hacia la zona de mis adorados y admirados “travestis” ¿Porqué? Porque cuando la temperatura está por demás agradable (algo no muy común por estas latitudes), esas increíbles criaturas, “Dioses del Olimpo” tal como yo los denomino, salen a la calle casi en “bolas”, mostrando sus voluptuosos cuerpos y sobre todo sus espectaculares culos.
 
Es precisamente en esas ocasiones cuando generalmente “hay pique” ¿Porqué? Porque muchos hombres se vuelven “loquitos” al ver semejantes figuras; se excitan muchísimo, se “ratonean” y “fantasean”, pero no cuentan con efectivo suficiente como para contratar sus servicios y allí es donde entramos en acción nosotros, los que sabemos perfectamente por donde movernos y como hacerlo y quienes, en definitiva, nos ofrecemos totalmente gratis, para sacarles “la calentura” de encima y saciar su sed de sexo.
 
Después de dar un par de vueltas y de tantear el panorama, di con uno de esos tipos, ya que en varias oportunidades lo observé pasar con su auto a muy poca velocidad cerca de los “travestis” y hasta llegué a ver su cara libidinosa cada vez miraba uno de esos increíbles culos; inclusive en más de una ocasión detuvo el vehículo al lado de esas “esculturas humanas” y después de entablar con ellos un breve diálogo, proseguía dando vueltas, lo que me dio pie para suponer que el “susodicho”, andaba sin un mango en el bolsillo.
 
¡A pescar! Exclamé para mis adentros y empecé a provocar al conductor, haciendo poses, sonriendo de manera picaresca y sobre todo alejándome hacia las calles más oscuras, reservadas y poco transitadas, en donde comencé a caminar moviendo exageradamente mis caderas, hasta que el hombre “mordió el anzuelo”, se acercó hacia mí y sin preámbulos me “levantó” y me subió a su vehículo.
 
Ya en camino hacia un descampado, bastante céntrico, que también es utilizado por los “travestis”, alcancé a divisar a un tipo que, según mi amplia experiencia en el tema, andaba también deambulando en busca de “acción”, así que le dije al conductor:
 
-¿Te gustaría entre tres? ¿Una fiestita?
 
El hombre, un poco lerdo, no entendió de entrada mi proposición, así que rápidamente le hice un comentario acerca del tipo que acababa de ver y entonces sí, comprendió la propuesta y raudamente retomó la calle como para ir en su búsqueda; obviamente no nos costó mucho “levantarlo” (no nos costó nada para ser más preciso), así que se sentó en el asiento trasero y los tres entonces nos dirigimos hacia el descampado.
 
Una vez allí y mientras el conductor estacionaba el auto detrás de un gran paredón, le pregunté:
 
-¿Querés mirar un poquito primero como para entrar en clima?
 
Y antes de esperar su respuesta, me bajé del auto y subí nuevamente pero al asiento trasero; allí pude ver bien de cerca al tipo que habíamos levantado y noté que realmente era muy pero muy “carilindo”, así que sin mediar palabra alguna, le encajé un beso en la boca que lo dejó casi sin respiración; el hombre me miró, sonrió y me devolvió el beso por lo que, sin más, empezamos a besarnos furiosamente, sacando inclusive las lenguas de nuestras bocas para darnos unos buenos lengüetazos.
 
Sin dejar de besarnos en la boca, empezamos a desvestirnos y mientras lo hacíamos comenzamos también a toquetearnos y a “franelearnos”; a todo esto el tipo nos miraba cada vez más excitado, excitación que subió más aún cuando hice lo que siempre hago, a sabiendas de lo que provoca en los demás, el ver mi hermosa cola de mujer.
 
Me arrodillé en el asiento y lentamente fui bajándome el calzoncillo “boxer”, mientras miraba de reojo a mis dos acompañantes, quienes, con grato asombro, no le sacaban la vista de encima a mi parte trasera, hasta que, ya completamente desnudo, posé para el público, sacando bien hacia fuera mi voluptuosa, blanquísima, tersa, suave, redonda, carnosa, firme y sobre todo muy pero muy femenina cola.
 
-¡Hijo de puta! ¡Qué culo bárbaro! ¡Qué hermosura!
 
Exclamó el conductor y rápidamente se cruzó, sin salir del auto, hacia el asiento trasero, se sentó a mi lado y de inmediato empezó a toquetearme la cola, tal vez para cerciorarse que eso que acababa de ver era efectivamente de verdad, es decir un precioso culo de mujer en un cuerpo de hombre; mientras el “susodicho” estaba de lo más entretenido con mi asombrosa cola, yo aproveché para seguir besando en la boca al otro tipo y por supuesto para agarrarle la pija y hacerle una suave paja.
 
El espectáculo dentro del vehículo ya era por demás excitante y caliente; por un lado, dos tipos completamente desnudos (yo obviamente uno de ellos), besándose en la boca y manoseando sus vergas y por el otro, el dueño del auto, metiéndome unas manos increíbles en el culo, que me hacían retorcer de placer y de gozo.
 
Sin dejar de toquetearme mi hermosa y femenina cola, el conductor se bajó el pantalón y el calzoncillo y el tipo con quien estaba besándome, al verlo, se apartó de mí y en un rápido movimiento, se abalanzó sobre la poronga y comenzó a comérsela sin darle tiempo a que aquel pudiese decir o hacer algo al respecto; yo, a todo esto y como el tipo había quedado casi encima de mí, seguí haciéndole la paja con una mano y con la otra empecé toquetearle el culito, a pasarle la lengua por los “cachetes” y darle unos suaves mordiscos.
 
El tipo le estaba haciendo una muy buena mamada al dueño del auto, pero este ya tenía la idea fija y esa idea era metérmela, mandármela a guardar, penetrarme por completo y serrucharme, así que apartó al tipo, no sin esfuerzo y directamente me pidió que me pusiese “en cuatro” y que le entregase la cola y si algo que yo hago desde muy chico, es no negarle la cola a nadie.
 
Mientras el hombre se colocaba el preservativo, yo me puse rápidamente en posición, lo que puso en evidencia que no era la primera vez ni mucho menos, que alguien me iría a coger dentro de un vehículo; lentamente y con su pija ya enfundada, el conductor comenzó a acercarse a esa cola que lo había vuelto loco apenas la vio; primero me la apoyó y empezó a moverse suavemente, mientras acariciaba mis carnosos “cachetes” con ambas manos y después se apartó un poquito, apuntó hacia mi rosado agujero y comenzó a ingresar dentro de mí.
 
-¡Ah! ¡Qué lindo! ¡Cómo me gusta!
 
Exclamé mientras era lentamente penetrado y agregué una vez que el hombre comenzó cogerme:
 
-¡Sí! ¡Así! ¡Dale papito! ¡Cogeme! ¡Haceme la colita!
 
El tipo empezó a “serrucharme” con todo, a tal punto que el auto se sacudía increíblemente y el sonido que producía el golpeteo de su pelvis al chocar contra mis “cachetes”, se oía nítidamente.
 
-¡Más! ¡Más! ¡Cogeme más! ¡Cogeme fuerte! ¡Dale! ¡Quiero más pija! ¡Ah! ¡Oh! ¡Como me gusta!
 
Gritaba yo a modo de arenga para que el hombre no decayera en el ritmo de la “culeada”; estaba re-caliente, excitadísimo y quería que el tipo me cogiera toda la noche, que no me sacara nunca, pero eso obviamente es imposible y sobre todo cuando aquel, grito mediante, acabó y se dejó caer, exhausto, sobre mi espalda; allí se quedó unos segundos, reponiéndose del esfuerzo, hasta que me la sacó de adentro.
 
A todo esto, tan absorto había estado disfrutando a pleno de la cogida que terminaban de darme, que no reparé en que, el tercero en discordia, se había colocado un preservativo y estaba ubicándose detrás de mí.
 
-¿Vos también?
 
Le pregunté algo asombrado pero el tipo me respondió sin titubeos:
 
-¡Obvio! ¿No creíste que me iba a perder semejante culo?
 
Y dicho esto me penetró con muchísima facilidad, ya que tenía el orto bien dilatado por la “serruchada” que acababan de darme; tal cual lo había hecho el otro hombre, este me cogió fuertemente, haciéndome sentir su verga dentro de mí de una manera alucinante y espectacular.
 
-¿Vieron que linda puta que soy? ¿Cómo me dejo coger por todo el mundo?
 
Empecé a susurrar a modo de pregunta y agregué:
 
-¡Y encima gratis! ¡No cobro nada para que me cojan! ¡Soy la puta más puta de todas!
 
Y finalicé diciendo justo antes de que el tipo acabara dentro de mí:
 
-¡Y me gusta ser puta! ¡Me gusta que me digan puta, puta de mierda, bien puta!
 
-¡Bueno, vení putita que te voy a coger de nuevo, ya se me paró otra vez y te voy a hacer esa colita de mina que tenés!
 
Me dijo el dueño del auto, pero esta vez en lugar de ponerme “en cuatro”, lo monté y cabalgué sobre su hermosa poronga, pero eso y el resto de todo lo que hicimos esa noche en el auto, incluida la cogida afuera, en el “capot”, va a ser, seguramente, material para algún otro relato.
 
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